Efectos colaterales del subidón religioso post 11-S y de la contagiosa fiebre Da Vinci, ateísmo, agnosticismo y laicidad están ahora tan de moda como los grasientos helados de Ben & Jerry o los potingues cafeteros del ubicuo Starbucks, una compañía que, vaya por Dios, tomó su nombre del primer oficial del Pequod, el buque ballenero con el que el gran ateo Ahab pretendió dar caza al dios cetáceo. El que rompió el fuego, hace ya un año, fue el biólogo Richard Dawkins con El espejismo de Dios, que aquí ha publicado Espasa sin pena ni gloria, y cuya versión inglesa en audiobook acaba de obtener el premio del año para “libros sonoros”. Pero ahora la palma se la lleva el bestsellérico God is not great, de Christopher Hitchens, que aparecerá en marzo en Debate con el título (cuestionable) de Dios no es bueno; el New York Times Book Review ha publicado anuncios de media página del libro recomendándolo ¡para las Navidades! como “el regalo perfecto para el creyente o el no creyente de su familia”.”