“Mis viajes por algunos de los principales destinos de vacaciones del mundo no me han convencido de que esta industria entienda de verdad cómo el turismo puede ser tan a menudo una fuerza negativa. Sigue aferrándose al conveniente mito de que el maravilloso barco del turismo trae la recompensa económica a todos aquellos que naveguen en él. Y sigue lanzando algunas otras afirmaciones extraordinarias, como que fomenta la paz mundial, el amor y la comprensión. Al contrario, lo que parece bastante obvio es que la recompensa se la reparte un pequeño grupo extremadamente selecto, a menudo en un país distinto al de destino, y que demasiados trabajadores del sector –en especial en los países en desarrollo – no son más que esclavos a sueldo luchando con uñas y dientes para salir de una penosa existencia. La suposición que suele hacer la industria de que la vida de esos empleados es automáticamente de mejor calidad ahora que tienen un puesto en el turismo parece estar muy lejos de la realidad, como pude atestiguar una y otra vez desde Tailandia hasta Cancún (México).”
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