“A no ser racistas se aprende. Para curarse de toda tentación de pureza racial, de homogeneidad étnica o de identidad firme, hay que aceptar que el extranjero no es sólo aquel que, de entrada, me inquieta o me incomoda, sino también esa parte oscura e ignota que me constituye y que me hace extraño para mí mismo. Dice Amos Oz que el fanatismo se combate con sentido del humor, con la multiplicación de la experiencia propia y, atención, con la literatura. ¿Con la literatura? Quien lee agiganta su imaginación al ser capaz de ponerse en el lugar del otro, añade Oz.”
