“El negocio de los grandes medios de difusión (llamarlos “de comunicación” sería exceso) consiste en tergiversar y silenciar a quienes disienten con un determinado orden de cosas. Pero a la claudicación, amoralidad y desdén por los principios (opciones individuales que el esoterismo académico atribuye a la “crisis de la modernidad”) debemos remitir el actual y confuso orden de las cosas.”