La necesidad de un canon-guía se me hace evidente, y más aún en el terreno de la literatura juvenil donde las editoriales nos asaltan cada año con una avalancha de nuevas obras indispensables para el desarrollo del adolescente tal y como lo queremos, aunque no sé muy bien si ese desarrollo contribuye al del gusto literario y el disfrute lector.

Otra cuestión es quién establece ese canon y qué obras deben aparecer en él. Toda propuesta de canon es ideológica, personal y cultural; y esas dimensiones convierten cada relación en discutible. No creo que sea posible la coincidencia exacta entre dos itinerarios de lectura de dos personas distintas, pero su utilidad va más allá de la aceptación de un canon determinado porque obliga, de alguna manera, a formular una selección propia.”