Ni tiene televisor ni lo tendrá porque estima que un televisor (y hay familias que tienen casi uno en cada habitación) es un intruso en la intimidad hogareña, una pérdida de tiempo para leer, escuchar o interpretar música, escribir, cultivar frutales, hacer deporte u otras actividades, representa un obstáculo a los momentos de intimidad, conversación y trato familiar y de amistad, y una rendición intelectual al mercado social que contamina la libertad del espíritu y agosta las relaciones interpersonales.”